El Señor Presidente
En El Señor Presidente, Miguel Ángel Asturias no les ahorra a sus lectores. Acumula las descripciones muy realísticas de la pobreza, de la violencia, de la suciedad. Por supuesto es muy presente en los primeros capítulos, cuando habla del Portal del Señor y de los pordioseros, pero también en las escenas del Pelele en la basura, de la tortura del Mosco o para los numerosos asesinatos que ocurren a largo de la novela. Esta escritura sin concesiones, sin parafrasees o elipsis para aliviar la horror de lo que cuenta, me hizo pensar en el escritor francés Emile Zola. En una de sus novelas, L’Assommoir, escribe sobre los obreros, sus costumbres y su vida, y se preocupa de escribir de manera muy realista para mostrar la miseria del pueblo y denunciarla. Pues describe la suciedad, la pobreza, la desesperanza y sobre todo el alcoholismo, produciendo escenas muy cruda. Tan cruda que algunos acusaron a Zola de escribir ‘pornografía’.
Entonces me fije que Asturias escribía también con este realismo espantoso, que a veces parece hecho para que el lector diga “!basta! Es demasiado terrible y no puede leer mas”. Pero aquí también es la meta de Asturias: demostrar que la realidad es tan horrible y repulsiva que a menudo preferimos mirar por otro lado, pero aun existe. Y por cierto nunca es más terrible que en una dictadura en la cual todo el mundo teme a todo el mundo y ‘un inocente a mal con el gobierno, es peor que si fuera culpable’ (p40).
Pues cuando Asturias describe largamente la miseria de los pordioseros o la crueldad del Auditor de Guerra, el objetivo es claro: chocar al lector le hace realizar el horror y finalmente mostrar la verdad espeluznante es la mejor manera de denunciar. También se puede ver con la respuesta literaria a una de las principales características de los totalitarismos: ¿en una dictadura se disimula todo a los ciudadanos? Pues Asturias va a escribir todo lo que pasa, especialmente lo que debería disimular y que no queremos oír o ver. Para su denunciación el autor crea una atmosfera opresiva, de miedo y de violencia, que rodea el lector casi tanto como los personajes.
Ahora bien en esta demonstración de la inhumanidad y de lo terrible, Asturias sigue siendo humorístico en muchas escenas, y también poético. En efecto sobrepasa el realismo para lograr un realismo mágico, que también se puede ver en G.G. Márquez (Cien Años de Soledad fue una revelación para mí en cuento a esta forma estilística). Así en varias escenas es como si saliera de la realidad tangible para llegar a un mundo onírico y transcendental. Espero que podamos estudiar más en profundidad el tema del realismo mágico en clase.
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