lundi 28 mars 2011

Week 12 - Mario Vargas Llosa


Me gusto muchísimo el discurso de banquete de Vargas Llosa porque me parece lleno de humor. Nos presenta, no tanto el Mario Vargas Llosa real, pero el escritor: un creador, un malabarista de palabras. Porque es el escritor que está premiado en esta ceremonia en Suecia, no tiene sentido hablar de algo otro que de escritura. Por eso Vargas Llosa se recuerda y nos explique su relación con las historias. 

Esas forjaron su imaginación y le aprendieron el placer de evadirse a través las palabras. Por eso hoy nos está contando otra historia: también para que aprendamos el valor de una salida del mundo presente, a través la invocación de otro tiempo, de otro lugar, de otra identidad. Así en sólo dos frases Vargas Llosa parece imaginarse de nuevo como chico pequeño y leyendo historias de piratas o de viajes lejanos.

No describe ni explica nada realmente de su obra en su discurso de banquete, sino que se enfoca en la dimensión onírica de la literatura y en su poder evocador. Cuenta una pequeña historia, como parábola, que nos recuerda el lúdico que es la literatura. Me parece que esta idea es muy bienvenida en una ceremonia como la del Premio Nobel, y ¡desdramatiza la situación!

Más allá de la importancia del placer de la literatura, Vargas Llosa también nos habla de la separación entre el mundo ‘real’ y el mundo ‘escrito’. La verdad es que a veces se mezclan, es el principio mismo de la ilusión novelesca. Cuando leemos una novela aceptamos, a lo menos por un momento, de pensar que la historia puede ser real. No significa que creemos cosas que no existen, pero simplemente nos hundimos en las palabras y vivimos in un mundo ‘paralelo’ por el tiempo de la lectura.

Cuando cerramos el libro se va esta impresión. Pero Vargas Llosa juega con esta idea y el no dice que a veces no es la novela que se vuelve vida, sino la vida que se vuelve novela. Y eso ocurrió para él al recibir su premio Nobel porque eso era la última mezcla de sueño y de realidad.

lundi 21 mars 2011

Week 11 - Octavio Paz (2)


Al principio del capítulo ‘La inteligencia Mexicana’, Paz hace hincapié en los lazos entre historia y poesía ya hemos dicho que el vínculo entre literatura e historia es muy fuerte en las obras de los autores latinoamericanos, puesto que las novelas se parecen a Historia y la Historia a veces se parece a novela. El hecho de que habla de eso en el capítulo ‘la inteligencia mexicana’ también nos muestra cuanto importante es el lenguaje y su desarrollo escrito, para la identidad mexicana. Así la lengua aparece como un elemento central de la educación, es decir de la manera de la que los jóvenes aprenden quienes son. Otro elemento de construcción es la historia. Claro que la historia no sólo inspira a los autores sino que es creadora de mente colectiva, de expectaciones, de experiencias culturales y por fin de identidad comuna.
El lazo entre educación, lenguaje e Historia va más allá: como lo menciona Paz cuando habla de la Revolución y de Vasconcelos (p64), México encontró una experiencia colectiva fundamental. Un acontecimiento histórico tuvo el poder de soldar un pueblo. Y algo como eso no puede permanecer sin palabras para expresarlo: se tradujo en un lema que cita Paz, Por mi raza habla el espíritu. Son casi performativas las palabras aquí: lo que es dicho o escrito, puede ser. Lo que queda silencioso, no sabemos realmente si existe…
Cuando Paz plantea la idea de un pueblo mexicano construido por su historia, claro que no es nuevo. Pero también ve la historia como progresión, como camino hacia la definición de una identidad comuna a través las experiencias. Lograr a una esta identidad no significa que se vuelve fija: no hay idea de ‘fin de historia’ en el texto de Paz. Sigue moviendo la historia, y con ella el pueblo Mexicano. Pero si nos dice que la sucesión de culturas, de regímenes, de acontecimientos, de traumatismos, de migraciones, de luchas y de reconciliaciones, eso formó un pueblo. No hace definir la mexicanidad cosa fácil o definitiva, pero da un sentido a esta sencilla idea de comunidad.

lundi 14 mars 2011

Week 10 - Octavio Paz

El Laberinto de la Soledad



Es su descripción del pueblo Mexicano, me parece que O. Paz habla con una gran ternura, a pesar de apariencias ‘neutrales’. El uso del nos/nosotros da una dimensión intima a la analiza y ya nos da la impresión de una identidad comuna.

Lo que me gustó muchísimo es también que su texto, que es un ensayo filosófico o cas etnográfico, se vuelve poesía: así cuando dice Nuestro culto a la muerte es culto a la vida, del mismo modo que el amor, que es hambre de vida, es anhelo de muerte. Metáforas, repeticiones, imágenes y comparaciones son numerosas en el texto y me parece que dan una dimensión suplementaria al ensayo. Añaden un soplo épico y estético a un texto que sería más bien analítico. Otras frases que lo ilustran bien: la fatal seducción que ejerce sobre el Universo y sobre el hombre la gran boca vacía del caos. El recurso a la poesía también se ve en los títulos, y en las citas usadas por Paz: así me parece que las sencillas expresiones Mascaras Mexicanas o Todos muertos, Día de Santos conllevan muchas imágenes y ya hace nacer un imaginario en la mente del lector. 

El lenguaje no tiene importancia sólo en la escritura de O. Paz mismo, sino también en la construcción de la identidad mexicana. Así para Paz el desarrollo del vocabulario es consecuencia de la construcción social y del carácter: el lenguaje popular refleja hasta qué punto nos defendemos del exterior.

La sociedad mexicana es sociedad de contrastes: ya lo demuestra la primera frase del capítulo de Mascaras Mexicanas, que acumula los opuestos: viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado. En algunas frases también se expresan los paradójicos que marcan los mexicanos y estas tensiones que componen su carácter, que Paz trata de comprender y describir.

lundi 7 mars 2011

Gabriel Garcia Marquez - Week 9


Al leer La Hojarasca encontré varios elementos que me han gustado muchísimos en las otras novelas de García Márquez que he leídas: una narración que casi no se para, una multitud de pormenores que podrían parecer cargosos pero que simplemente añaden a la poesía, historias de familias y de pueblos malditos. 

El primer choque fue los cambios de narradores, puesto que me tuvo unas páginas antes de identificar a todos los protagonistas y comprender quién hablaba y cuándo. Me parece que García Márquez casi juega con su lector al cambiar los que hablan sin explicación, sin puntación o ninguna señal. Sabe que no vamos a comprender inmediatamente cada cambio de perspectiva, pero eso le gusta porque es un excelente medio de perder a los lectores. Así no nos fijamos de nada sino de la historia, por tratar de comprenderla, y estamos traslados sobre las olas de la escritura que sólo García Márquez controla.

Esta manera de escribir también me dio la impresión de seguir los entresijos de la mente, como cuando los pensamientos salgan de un tema al otro sin explicación o razón. Pues aquí pasamos de un narrador al otro.

Esta impresión la tengo también con la mezcla de los tiempos y de la época. La mayoría de la novela está escrita en el presente pero a menudo regresamos al pasado a través del pensamiento de los personajes y de sus recuerdos. Estos recuerdos tienen tanta vida que resulta difícil distinguir entre las épocas. Me parece que García Márquez nos invita en un verdadero viaje hacia el pasado, como también lo hace en una novela que leí recientemente: El amor en los tiempos del cólera. Otra novela que empieza con una muerte… como si la muerte diera la señal para el inicio de una vida al revés, de una viaje en los recuerdos.

Una de las cosas que me gustan con la escritura de García Márquez es que, sin esfuerzo, sin realizarlo, realmente penetramos en la mente de los narradores y por fin sólo vemos a través de sus ojos –pero nada resulta forzado, y se puede salir de la mente de un protagonista para entrar en la de otro.  Eso lo vemos no sólo con los recuerdos íntimos de los que cuentan, y el flujo de sus pensamientos, sino también con las impresiones físicas e incluso las más insignificantes, que son las que dan tanto peso a los personajes. Asi cuando habla el niño: El vaho que se levanta de la cabeza de mama, caliente y oloroso… todo, hasta la seriedad de ella, se me vuelve agresivo, desafiante. Asi tenemos la impresión de realmente estar en la mente de los protagonistas, de estar con ellos cuando hablan. Pienso que el uso del presente, que normalmente no es un tiempo de novela y de relato, juega mucho para darnos esta impresión.

lundi 28 février 2011

Miguel Angel Asturias - Week 8


El Señor Presidente II

Al acabar de leer la segunda mitad del Señor Presidente, quise regresar al primer capítulo de la tercera parte, Habla en la sombra. Aunque este capítulo no sea necesariamente esencial para el desarrollo de la intriga, me parece que enfatiza temas muy importantes que se pueden encontrar a lo largo de la novela entera. La cárcel, la ceguera, el miedo, la locura, la pérdida de sus marcas, la incomprensión y la injusticia… son sólo algunos de los temas que trata Asturias en El Señor Presidente. También me pareció interesante seguir con la reflexión sobre la sicología de los hombres y mujeres que viven bajo una dictadura, y ese capítulo también nos permite hacerlo. 

No hay identidad definida en esta cárcel, los hombres no son hombres más sino cosas existiendo sin nombre: por eso son la primera voz, la segunda voz, la tercera voz. Se dice generalmente que los presos tienen números en lugar de nombre. Pues aquí ni siquiera tienen números. Es como si no existieran más, y  esta impresión se intensifica cuando dice la segunda voz
Y penar que en la ciudad todo debe estar como si tal cosa, como si nada estuviera pasando, como si nosotros no estuviéramos aquí encerrados. El tranvía debe seguir andando.
Aquí está: la dictadura es como una obra de teatro en la cual se trata de vivir normalmente aunque todos sepan que no puede haber vida normal. 

En la cárcel también entendemos el miedo que corroe todo y que apenas se puede soportar: el miedo de no saber lo que va a ocurrir, de no saber quien está, de no ver en las tinieblas, el miedo del silencio que Carvajal intenta conjurar.  

Tampoco hay tiempo: las tres voces preguntan como con una desesperación resignada
¿Qué día será hoy?

Y una vez más, incomprensión, el colmo del absurdo como en el motivo de la detención del sacristán. Y una vez más la lenta marcha hacia la muerte, como la cuarta voz tan débil, sin saber cómo y sin saber por qué.

A pesar de todos estos horrores, parece que la cárcel sea el lugar improbable donde se pueden despertar las solidaridades. Lo que quiero decir es que, la cárcel es el luego último del régimen puesto que es la dictadura que hace presos, pero también es un lugar que no controla más –porque no le interesa controlarle. Ya que no es posible estar en una situación peor, y que se puede suponer que todos son semejantes en la celda, aquí es posible encontrar a otros seres humanos. Así me fijé de la réplica, repetida muchas veces, de Carvajal: al principio dice

El silencio me da miedo, tengo miedo, se me figura que una mano alargada en la sombra va a cogerme por el cuello para estrangularme. (p122)

 Pero después de tres páginas de conversación entre los presos, dice

El silencio me da miedo, tengo miedo, se me figura que una mano alargada en la sombra va a cogernos del cuello para estrangularnos. (p125)

Por fin, me parece importante notar que en este capítulo Asturias demuestra la extensión de sus talentos literarios, al escribir de varias maneras diferentes y con varios tonos. Aquí empezamos con un dialogo que casi podría ser de teatro (p.122-123), el texto se hace novela una vez más con los relatos de Carvajal o del sacristán (p.124), poesía en la mente del estudiante, un lamento cuando la cuarta voz habla(p.125).