lundi 7 mars 2011

Gabriel Garcia Marquez - Week 9


Al leer La Hojarasca encontré varios elementos que me han gustado muchísimos en las otras novelas de García Márquez que he leídas: una narración que casi no se para, una multitud de pormenores que podrían parecer cargosos pero que simplemente añaden a la poesía, historias de familias y de pueblos malditos. 

El primer choque fue los cambios de narradores, puesto que me tuvo unas páginas antes de identificar a todos los protagonistas y comprender quién hablaba y cuándo. Me parece que García Márquez casi juega con su lector al cambiar los que hablan sin explicación, sin puntación o ninguna señal. Sabe que no vamos a comprender inmediatamente cada cambio de perspectiva, pero eso le gusta porque es un excelente medio de perder a los lectores. Así no nos fijamos de nada sino de la historia, por tratar de comprenderla, y estamos traslados sobre las olas de la escritura que sólo García Márquez controla.

Esta manera de escribir también me dio la impresión de seguir los entresijos de la mente, como cuando los pensamientos salgan de un tema al otro sin explicación o razón. Pues aquí pasamos de un narrador al otro.

Esta impresión la tengo también con la mezcla de los tiempos y de la época. La mayoría de la novela está escrita en el presente pero a menudo regresamos al pasado a través del pensamiento de los personajes y de sus recuerdos. Estos recuerdos tienen tanta vida que resulta difícil distinguir entre las épocas. Me parece que García Márquez nos invita en un verdadero viaje hacia el pasado, como también lo hace en una novela que leí recientemente: El amor en los tiempos del cólera. Otra novela que empieza con una muerte… como si la muerte diera la señal para el inicio de una vida al revés, de una viaje en los recuerdos.

Una de las cosas que me gustan con la escritura de García Márquez es que, sin esfuerzo, sin realizarlo, realmente penetramos en la mente de los narradores y por fin sólo vemos a través de sus ojos –pero nada resulta forzado, y se puede salir de la mente de un protagonista para entrar en la de otro.  Eso lo vemos no sólo con los recuerdos íntimos de los que cuentan, y el flujo de sus pensamientos, sino también con las impresiones físicas e incluso las más insignificantes, que son las que dan tanto peso a los personajes. Asi cuando habla el niño: El vaho que se levanta de la cabeza de mama, caliente y oloroso… todo, hasta la seriedad de ella, se me vuelve agresivo, desafiante. Asi tenemos la impresión de realmente estar en la mente de los protagonistas, de estar con ellos cuando hablan. Pienso que el uso del presente, que normalmente no es un tiempo de novela y de relato, juega mucho para darnos esta impresión.

1 commentaire:

  1. Tuvo tambien la impresion de este mezcla entre los narradores, los tiempos y los espacios. Pienso que eso explica el titulo de la novela: el tiempo, el lugar, las personas, son hojas que se arremolinan con el viento.

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