dimanche 16 janvier 2011

Gabriela Mistral - Week 3

Lagar II
Locas Mujeres
Inspirada por la mitología griega (cf. Antígona, Electra en la Niebla), las figuras legendarias de la mujer y probablemente su propia experiencia, Gabriela Mistral escribe sobre las ‘Locas Mujeres’, y los papeles que puede desempeñar una mujer exonerada de la dominación de los hombres.
En sus poemas Mistral encarna ella misma estas mujeres extraordinarias: así habla con el yo, como si la condición de mujer la identificara con estas heroínas:
“Yo era Antígona” (Antígona), “Yo, Electra”, “A mí y a Orestes” (Electra en la Niebla), “Aguardo, aguardo” (La que Aguarda), “Y camino como la niña” (La Trocada).
Tantos ejemplos que muestran el afecto de Mistral por las mujeres en general, la importancia de las mujeres en la vida social y su determinación a hablar de ellas en su poesía.
Eso es un tema moderno porque Mistral nos habla, no simplemente de las mujeres, pero (1) de las mujeres celebrándolas, (2) de mujeres espantosas (3) de mujeres potentes. Así intenta cambiar nuestra visión sobre las mujeres. La poesía ya celebraba las mujeres, pero generalmente por su belleza, por el amor que inspiraban o por su estatuto de madre. Lo que hace Mistral es diferente: habla de mujeres feas (Madre Bisoja), raras (La Cabelluda), rebeldes (Antígona) o asesina (Electra en la niebla). Su titulo lo resume: son Locas Mujeres.
            Mezclado con el afecto que tiene para estas mujeres, me parece que hay sufrimiento y espantos en los poemas de Mistral:
“Pena de ojos asombrados” (La Cabelluda), “Mi rasgado grito” (La que Aguarda). Es particularmente presente en Electra en la Niebla, porque Electra se vuelve loca a lo largo del poema, y la niebla es la que invade su mente, contando y pensando en el asesino de su madre Clitemnestra: “Cómo cayó, qué dijo dando el grito”, “Mató y fue muerta”.
            Al mismo tiempo, aunque estos poemas celebran las mujeres, no es totalmente posible quitarse de la presencia de los hombres, y siguen apareciendo:
“Yo era Antigona, brote de Edipo, y Edipo era la gloria de la Grecia” (Antigona), “Galanes la cortejaban […] y se dejaba sin dejarse” (La Cabelluda), y la presencia de Orestes a lo largo del poema Electra en la Niebla.
Pero incluso con la presencia de los hombres, las Locas Mujeres de Mistral son incontenibles: se las equipara con el fuego (La Cabelluda) o con animales (La Contadora). Tienen poderes raros:
“Y la bisoja iba abriendo la noche”, “No envejeció […] aunque envejecieron todos los que ella amamantara” (Madre Bisoja).
Es como si fueran brujas, poderosas y liberadas, pero espantosas y misteriosas.

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